Ansiedad

faceless woman with cardboard box on head against pond

Si quisieras sentir ansiedad en este momento qué tendrías que hacer? En qué tendrías que pensar? Pensarías en las cosas que no han salido como tu querías? Pensarías en todas las cosas que tienes pendientes por hacer? Hacer este pequeño ejercicio nos recuerda que todos en algún momento experimentamos la ansiedad y que hace parte de la vida, en circunstancias específicas de separación, amenaza, pérdida de nuestros vínculos seguros. Esta emoción está ahí para alertarnos que algo anda mal y que necesitamos buscar refugio. En este espacio revisaremos varios elementos de cómo se genera, cuándo se vuelve un problema, y cómo responder a ella.

Lo primero que podemos considerar es que en nuestra infancia, aprendemos a relacionarnos vinculándonos con las personas que nos cuidan.  El entorno afectivo y social que nos recibe de niños moldea nuestros cerebros, y nos ofrece una base sobre la cuál explorar nuestro entorno. La ansiedad aparece en estas primeras etapas cuando esa base de seguridad, se aleja demasiado, o deja de estar disponible, se activan las alarmas y nuestro comportamiento se dirige a retomar el contacto con lo seguro. Hace parte de un mecanismo que regula el apego y la posterior exploración. Sin la ansiedad, no se podría activar dicho proceso para nosotros indispensable.

Cuando percibimos que las demandas del entorno, los eventos estresores, las tensiones en nuestros contextos de socialización, o nuestras propias necesidades, sobrepasan nuestros recursos y capacidades, es frecuente que la ansiedad aparezca para que hagamos ajustes y podamos retornar a la seguridad y control. Cuando los ajustes que hacemos no son suficientes, o enfrentamos demandas desbordantes, el estado de ansiedad puede intensificarse y entramos en un estado de mucha vulnerabilidad, que nos puede hacer daño de mantenerse por mucho tiempo.

Síntomas

Hay variadas manifestaciones de problemas relacionados con la ansiedad, en la vida adulta estas pueden ser algunas de ellas:

  • Evitación: Como cuando procrastinamos. Nos alejamos de una tarea que en alguna medida nos genera ansiedad, ya sea por la cantidad de trabajo o la percepción de no tener la suficiente preparación.
  • Control: Intentamos obtener el control con preguntas, ya llegamos?? Me quieres? Dónde estabas? Se presentan ideas que pensamos y pensamos y volvemos a pensar. También el intento de control puede darse en forma de rituales, pasar por los mismos lugares conocidos, tener la misma ruta al salir de nuestras casas, etc.
  • Movimientos repetitivos. Esta es una manifestación muy frecuente, mover mucho los pies, golpear repetidamente un objeto con los dedos, tocarnos el pelo o la cara. En la separación de lo que nos proporciona seguridad, el cuerpo y los movimientos autocentrados se constituyen en un estímulo, un último recurso para encontrar tranquilidad.
  • Compensar: Se hace un esfuerzo por complacer a otros para que no nos rechacen, nos arreglamos demasiado, o se trata de ser políticamente correcto, no nos permitimos equivocarnos y se busca cierta perfección.

A la hora de abordar la ansiedad es importante revisar muy bien cuáles son las situaciones que percibimos como amenazantes, pues en ocasiones lo que nos amenaza es lo que dicha situación representa, o cómo nos lo tomamos, por decirlo así. En muchos casos, nos imponemos o la sociedad nos impone ciertas demandas que de por sí son desbordantes, por ejemplo, hacer feliz a otra persona. En algunas familias los hijos se imponen a sí mismos cumplir con ciertos logros para que sus padres se sientan bien con su papel como padres, esto genera una tensión y presión que de no resolverse puede generar ansiedad.

Qué hacer frente a la ansiedad:

  • Reducir las demandas y responsabilidades. Afrontar los retos que tenemos un día a la vez. Nadie puede resolver todas las tareas futuras en el momento presente. Revisa de qué cargas puedes realmente hacerte cargo hoy, enfócate en ellas.
  • Reconoce lo positivo, algo debes estar haciendo mínimamente bien, aunque es entendible que en ocasiones es más difícil reconocerlo. Aplica la pregunta que usamos al principio: Si quisieras que esto empeorara o continuara así ¿Qué tendrías que hacer o seguir haciendo? Esta pregunta nos ayuda a identificar algunas cosas que todavía están bajo nuestro control. Préstale atención a lo que todavía controlas.
  • Busca tus lugares y rutinas seguras. Las personas familiares, cercanas y empáticas pueden ser una gran ayuda, en ocasiones tan sólo que nos escuchen ya puede alivianar el peso.
  • Es muy recomendable realizar actividad física. Además de mejorar en general las condiciones de nuestro cuerpo para afrontar el estrés y la ansiedad, reduce las hormonas generadas y permite una mejor regulación emocional.
  • Toma tiempo para experimentar la ansiedad, dejarla ser o salir en un lugar seguro, o a través de la meditación. La meditación no es para calmarnos, es para dejarnos ser.  Los intentos de reprimir una emoción por lo común generan más ansiedad.
  • Si la ansiedad te está afectando de manera que interfiere en tus actividades y objetivos, tal vez debas buscar ayuda profesional. Si tienes dudas, revisa psicologovirtual.com.co/cuando-ir-al-psicologo .

Si tienes curiosidad en explorar con mayor profundidad estos temas acerca del manejo de tus emociones y relaciones, ofrecemos un servicio profesional en psicología. Puedes tener más información haciendo click Acá. Alguien cercano a tí puede estar necesitando apoyo psicológico profesional.

Si te gustó, puedes seguir explorando otros artículos similares visitando Salud Mental. Subscríbete para que te llegue el nuevo contenido que publiquemos. Compártelo en tus redes.